13.8.10

Heme aquí.

Soy una lágrima cayendo sobre el pupitre. Caigo y me esparzo todo lo que puedo. Miro hacia arriba y veo llorar. Resvalo y me dirigo hacia el suelo, como todas las demás lágrimas que caen y forman esos pequeños hilos de agua salada sobre el antiguo y carcomido pupitre. Unas nos deslizamos y otras son absorvidas por la madera. Voy hacia el borde lo más deprisa que puedo. El final se acerca. Vuelvo a dirigir mi mirada al origen. Al lugar del que salí. A tus ojos. No necesito más. Sé que ha llegado mi momento. Caigo hacia el suelo para terminar allí mi viaje. Sólo unos minutos de viaje, pero el más importante que podría realizar.




Lloras. Lloras y tus lágrimas caen sobre mí. Se crean pequeños hilos de agua salada y algunas de esas lágrimas se calan en mis viejos arañazos y agujeros. Te miro. Esos ojos, son inexplicables. Tus manos se apoyan sobre mí. Tu frente cae rendida. Tus sollozos sólo los oigo yo. Tus pensamientos sólo los oyes tú.




Lloro. Lloro desconsoládamente. Mis lágrimas se deslizan por mis mejillas para caer sobre un viejo pupitre. Mis manos lo golpean rabiosas. Mi frente cae, triste, para apoyarse en él. Pequeñas hileras de agua salada se crean y caen al suelo, mientras que otras lágrimas se calan en los arañazos y agujeros. Mis sollozos nadie los oye. Mis pensamientos sólo yo los oigo.

Heme aquí, con los brazos y la cabeza sobre un pupitre. Con riachuelos de lágrimas cayendo desde mis ojos, y un hilo de sangre cayendo desde mi espalda. Heme aquí, triste, desconfiado, odioso, iracundo y con imsomnio.

Heme aquí cambiado.

Y sobre el suelo lágrimas y sangre, sentimientos e ideales, polvo y pelusas, confianzas y amistades.


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