Lloras. Lloras y tus lágrimas caen sobre mí. Se crean pequeños hilos de agua salada y algunas de esas lágrimas se calan en mis viejos arañazos y agujeros. Te miro. Esos ojos, son inexplicables. Tus manos se apoyan sobre mí. Tu frente cae rendida. Tus sollozos sólo los oigo yo. Tus pensamientos sólo los oyes tú.
Lloro. Lloro desconsoládamente. Mis lágrimas se deslizan por mis mejillas para caer sobre un viejo pupitre. Mis manos lo golpean rabiosas. Mi frente cae, triste, para apoyarse en él. Pequeñas hileras de agua salada se crean y caen al suelo, mientras que otras lágrimas se calan en los arañazos y agujeros. Mis sollozos nadie los oye. Mis pensamientos sólo yo los oigo.
Heme aquí, con los brazos y la cabeza sobre un pupitre. Con riachuelos de lágrimas cayendo desde mis ojos, y un hilo de sangre cayendo desde mi espalda. Heme aquí, triste, desconfiado, odioso, iracundo y con imsomnio.
Heme aquí cambiado.
Y sobre el suelo lágrimas y sangre, sentimientos e ideales, polvo y pelusas, confianzas y amistades.
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